«La esperanza no es la convicción de que algo saldrá bien, sino la certeza de que algo tiene sentido, independientemente de cómo resulte.»
— Václav Havel
Cómo se va apagando la esperanza
Václav Havel, escritor y expresidente checo que vivió bajo un régimen totalitario y pasó años en prisión por sus ideas, escribió las palabras citadas previamente desde un lugar donde el resultado favorable era incierto. Lo que nos quiere decir es que la esperanza no depende del éxito. No es «creo que esto va a salir bien» o «tengo certeza de que esto va a funcionar». Significa que «aunque no sé cómo va a terminar esto, sé que es importante continuar».
La esperanza, en ese sentido, no es optimismo sobre el resultado. Es la capacidad de mantener la conexión con lo que todavía nos importa. Conlleva que alguien pueda estar en medio de una situación cuyo desenlace no controla, como una enfermedad, una pérdida, una transición difícil, y aun así sostener la esperanza. Lo hace porque algo en ella reconoce el valor de seguir intentando y de habitar su vida con intención.
Sin embargo, sostener ese tipo de esperanza, la que no depende del resultado sino de encontrar razones para seguir intentando, es exactamente lo que se vuelve difícil cuando la vida duele demasiado. Y para muchas personas que llegan a terapia, ese momento en que la esperanza empezó a apagarse no fue un instante, fue algo que ocurrió despacio, casi sin que se notara.
Cuando la esperanza empieza a apagarse, es normal que cueste imaginar que tu vida podría ser diferente a lo que estás viviendo ahora. Es una respuesta comprensible cuando has intentado una y otra vez cosas que no funcionaron, cuando has confiado y te fallaron, cuando el esfuerzo no te llevó a donde esperabas. Entonces, querer algo nuevo empieza a sentirse como un riesgo después de todo lo que ha dolido, como si abrir esa puerta te llevara a más dolor.
En algún momento, dejar de anhelar fue una forma de protegerte. Fue tu manera de cuidarte en medio de lo difícil. En su momento, probablemente te ayudó. Pero con el tiempo, esa misma protección puede empezar a limitarte.
Poco a poco, no solo te aleja del dolor, sino también de lo que podría hacerte sentir bien. Y casi sin darte cuenta, puedes empezar a sentir desconexión de tu propia vida… como si estuvieras sobreviviendo más que viviendo.
Lo que la esperanza realmente significa
Existe una versión de la esperanza que muchas personas sienten vacía. Es esa espera pasiva de que las cosas mejoren solas, o esa insistencia en mantenerse alegre sin importar lo que esté ocurriendo. La que suena a «piensa positivo» o a «todo pasa por algo». La que, cuando estás atravesando una situación difícil, se siente insensible.
En el contexto terapéutico, la esperanza se refiere a un estado mental activo en el que alguien persigue metas alcanzables pero desafiantes, mientras genuinamente cree que tiene la capacidad de alcanzarlas (Luthans, Youssef & Avolio, 2015). No se trata de fingir que todo está bien. Tampoco de cubrir con una sonrisa un dolor genuino. Tiene que ver con cultivar las condiciones internas que hacen posible el cambio y luego hacer algo con esas condiciones.
El problema con «piensa positivo»
Muchas personas practican lo que los investigadores llaman positividad tóxica, la creencia bienintencionada pero en última instancia perjudicial de que una actitud positiva es siempre la respuesta correcta al sufrimiento. La positividad tóxica invalida el dolor real. Le dice a una persona que está de duelo que «mire el lado bueno». Le dice a alguien en una situación difícil que simplemente necesita pensar de manera diferente.
Esto no es crecimiento. Es evitación disfrazada de optimismo.
La esperanza terapéutica reconoce la verdad completa de donde estás, el duelo, la confusión, el agotamiento, mientras simultáneamente abre una puerta hacia donde podrías estar. No te pide que niegues tu experiencia ni que finjas que todo está bien. Consiste en sostener la realidad de lo que duele sin cerrar la posibilidad de que algo, con el tiempo, pueda transformarse.
Lo que la investigación nos dice sobre una mente que cultiva la esperanza
El psicólogo Charles Snyder (2002) se dedicó a estudiar la esperanza como un proceso cognitivo, una forma de pensar que involucra tres elementos interconectados: metas, caminos y agencia.
Las metas son direcciones con sentido, en quién quieres convertirte, cómo quieres sentirte, qué tipo de vida quieres construir (Rand & Cheavens, 2009). Para quienes han vivido en modo de supervivencia o respondiendo a expectativas externas, reconectar con eso ya es un proceso en sí mismo.
Los caminos son las rutas entre donde estás ahora y donde quieres estar. Quienes se mueven desde la esperanza son capaces de imaginar no solo una ruta, sino múltiples rutas. Cuando un camino está bloqueado, se adaptan y encuentran otro (Lopez, Floyd, Ulven & Snyder, 2000).
La agencia es la sensación interna de que puedes moverte hacia adelante por esos caminos. No tiene que empezar como certeza. A veces empieza como algo muy pequeño, casi como una posibilidad lejana. Se construye recordando que has atravesado cosas difíciles antes y puedes volver a hacerlo (Rand & Cheavens, 2009).
Cuando estos tres elementos están presentes y funcionando juntos, se experimentan pensamientos más positivos, mayor autoestima, más energía, mayor resiliencia y reducción de los síntomas de malestar (Kirmani & Sharma, 2015; Cheavens & Guter, 2018). No por forzar la positividad, ni por evitar lo difícil, porque se ha cultivado un cambio genuino dentro de ti.
Saber que estos tres elementos existen y que pueden desarrollarse es apenas el comienzo. No todas las personas necesitan terapia para hacerlo, pero cuando la desesperanza empieza a limitar la vida, la psicoterapia puede convertirse en el lugar donde ese crecimiento encuentra sostén.
El papel de la terapia en reconstruir un sentido de dirección
En una relación terapéutica orientada al crecimiento personal, el trabajo de cultivar este tipo de esperanza es colaborativo. Las metas demasiado fáciles no inspiran. Las metas inalcanzables simplemente agotan. El punto óptimo terapéutico es lo que Luthans, Youssef y Avolio (2015) describen como alcanzable pero desafiante, metas que te requieren crecer, que te llaman hacia adelante, pero que están arraigadas en la realidad.
Cuando sentimos que no podemos avanzar, es común pensar que había una única forma correcta de seguir adelante y que la perdimos, o que nos fue arrebatada. Pero la capacidad de generar alternativas, de preguntarse si no puedo por aquí, entonces por dónde más, es precisamente lo que se reconstruye en terapia (Rand & Cheavens, 2009). Una buena relación terapéutica no te da las respuestas. Te ayuda a desarrollar la capacidad de encontrarlas por tu cuenta y a confiar en esa capacidad, quizás por primera vez en mucho tiempo.
No se trata de forzar una interpretación nueva de tu historia, sino de reconocer con honestidad la fuerza y la capacidad que ya has demostrado. ¿Cuándo te moviste hacia algo que era importante para ti? ¿Qué necesitaste para hacerlo? ¿Cómo manejaste las situaciones en que las cosas no salieron como esperabas? (Lopez et al., 2000).
Las historias que llevamos no son solo nuestro pasado. También guardan recursos que pueden convertirse en la base sobre la que construiremos nuestro futuro.
En terapia, se trabaja para trazar hacia dónde quieres ir y cómo podría verse llegar ahí, incluyendo los momentos difíciles, los desvíos inesperados y los lugares donde quizás necesites pedir ayuda o encontrar una ruta diferente. Cuando se ha pensado de antemano en las posibles barreras, estas pierden parte de su poder para desviarnos (Lopez et al., 2000).
La agencia, la convicción de que puedes lograr esto, es con frecuencia la parte más desafiante. Muchas personas que llegan a terapia han pasado años escuchando a una crítica interna más fuerte que cualquier voz que las apoye.
Parte del trabajo orientado al crecimiento es aprender a cambiar ese diálogo de una manera que permita ir reuniendo pruebas reales de tu propia capacidad, en lugar de intentar silenciar al crítico interno. Recordar éxitos pasados, practicar la autocompasión, visualizar los pasos hacia una meta y aprender a tolerar la incomodidad de la incertidumbre no son técnicas motivacionales. Son habilidades cognitivas y emocionales reales que cambian la forma en que el cerebro se enfrenta al desafío (Snyder, 2002).
El valor de estar presente, incluso cuando duele
Avanzar en la vida no siempre es fácil ni ocurre de manera ordenada. A veces sabes hacia dónde quieres ir, y otras veces no. A veces sientes que avanzas, y otras parece que retrocedes. El crecimiento no ocurre en línea recta.
La esperanza no te pide que te sientas bien todos los días. A veces es apenas una puerta entreabierta, ahí, esperando por ti incluso cuando no puedes ver nada al otro lado. Es reconocer que hay una parte tuya que sigue intentando, que sigue buscando algo distinto, incluso en medio del cansancio o la duda.
colaboremos
Si sientes que ha llegado el momento de construir, con apoyo y con intención, el camino hacia la vida que anhelas, estaré honrada de acompañarte.
Referencias
Cheavens, J. S., & Guter, M. M. (2018). Hope therapy. In M. W. Gallagher & S. J. Lopez (Eds.), The Oxford Handbook of hope (pp. 133–142). Oxford University Press.
Kirmani, M. N., & Sharma, P. (2015). Hope therapy in depression: A clinical case work. International Journal of Public Mental Health and Neurosciences, 39–44.
Lopez, S. J., Floyd, R. K., Ulven, J. C., & Snyder, C. R. (2000). Hope therapy: Helping clients build a house of hope. In C. R. Snyder (Ed.), Handbook of hope: Theory, measures, and applications (pp. 123–150). Academic Press.
Luthans, F., Youssef, C. M., & Avolio, B. J. (2015). Psychological capital and beyond. Oxford University Press.
Rand, K. L., & Cheavens, J. S. (2009). Hope theory. In S. J. Lopez & C. R. Snyder (Eds.), Oxford handbook of positive psychology (pp. 323–333). Oxford University Press.
Snyder, C. R. (2002). Hope theory: Rainbows in the mind. Psychological Inquiry, 13(4). https://doi.org/10.1207/S15327965PLI1304_01
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